El aloe vera y el sida

Animado por los resultados de este experimento, el doctor Pulse inició un nuevo estudio, de año y medio de duración, esta vez a base de aloe vera exclusivamente. Los magníficos resultados volvieron a repetirse (al cabo del año, seis de los pacientes no presentaban rastro alguno de la enfermedad, y uno de los participantes, que sufría un cáncer terminal, había alcanzado la puntuación de -O en tan sólo cinco meses), pero una vez más su validez acabaría siendo cuestionada por la comunidad científica por el hecho de no haberse realizado con la modalidad conocida como "doble ciego", en que parte de las personas participantes toman placebo sin saberlo a fin de comparar los resultados entre los dos grupos.


Al mismo tiempo que el doctor Terry Pulse realizaba sus investigaciones en Estados Unidos, también en Europa se desarrollaban importantes estudios en la lucha contra el SIDA teniendo como protagonista principal al aloe, o bien más específicamente al acemanano de aloe. En Bélgica, un informe del doctor Weerts manifestaba que todas las personas que habían sido tratadas con AZT presentaban efectos secundarios de gran importancia, a diferencia de las que habían tomado acemanano para las cuales, además, sus esperanzas de vida se alargaban al menos nueve meses. Otros estudios realizados en Vancouver y Calgary (Canadá) coincidían con los del doctor Weerts en que "el acemanano ha demostrado ser un tratamiento efectivo y totalmente desprovisto de toxicidad".
La gran eficacia del acemanano en la lucha contra el SIDA radica en todo un abanico de efectos diferentes. Además de sus cualidades antivíricas definitivamente demostradas, este principio activo del aloe actúa rehabilitando el sistema inmuíológico y estimulando la multiplicación de los macrófagos, de las células T y las células CD-4, importantes agentes todos ellos en la lucha contra el virus de inmunodeficiencia humana. Al mismo tiempo, el acema-nano combate las llamadas enfermedades oportunistas que muchas veces llegan a acabar con la vida del paciente, enfermedades tales como el cáncer, tumores, úlceras, colitis, disfunciones de la piel, etcétera. Durante los últimos quince años, tanto en Europa como en América, en África y en los países del Este se ha seguido investigando en esta dirección. En palabras de Neil Stevens, "en la actualidad, el acemanano se halla ya en la fase final de los complicados trámites que lo acabarán convirtiendo en un medicamento oficial para combatir el SIDA, además de un amplio número de otras enfermedades".