El aloe vera y el sida
En la misma línea de la lucha contra el cáncer se han llevado a cabo numerosas investigaciones para lograr un tratamiento efectivo contra el SIDA. Varios experimentos con aloe han coincidido en sus efectos tremendamente espe-ranzadores, en algunos casos utilizando exclusivamente el aloe y en otros usándolo en combinación con otros productos naturales (como los ácidos grasos omega), o bien con diversos tratamientos convencionales tradicional-mente aceptados por la comunidad científica, como el AZT, sólo que utilizando esta terapia en dosis drásticamente reducidas.
En el famoso estudio desarrollado por el doctor Terry Pulse en 1989, se observó que las treinta personas afectadas de SIDA que habían participado en el experimento en tan sólo tres meses habían conseguido una mejoría significativa, y muchas de estas personas que se hallaban en situación de gravedad habían podido reincorporarse a su antigua vida cotidiana con toda normalidad.
En este caso, sin abandonar su tratamiento de AZT, las personas objeto del estudio tomaban entre 250 y 400 gramos de gel de aloe vera en combinación con una bebida muy nutritiva constituida por aceite de prímula y EPA.
A pesar de que la mejoría de estas personas se calificó no solamente de "espectacular", sino de un auténtico "hito histórico", el estudio del doctor Pulse también tuvo que enfrentarse a severas críticas y acusaciones de "poco científico" por el hecho de que 90 días se considera un plazo insuficiente para sacar una conclusión de estas características. A pesar de que el estudio debía haberse prolongado durante varios meses más, los más duros juicios que recogían los medios de información hicieron que la compañía de aloe que patrocinaba el estudio retirara su apoyo. Muchos pacientes también decidieron abandonar el tratamiento, tras lo cual pudo advertirse que estas personas que dejaron de tomar aloe vieron cómo su progreso dejó de ser tan importante. En cuanto a las 24 personas que decidieron seguir la terapia hasta el final, los resultados fueron los siguientes, según Neil Stevens:
"Cinco de las personas que inicial-mente estaban catalogadas con una puntuación de entre 7 y 2 (en la escala de Reed) pasaron a -O, es decir, que no presentaban ya ningún rastro de la enfermedad. Las que inicialmente tenían puntuaciones mayores de 8, descendieron 6 o 7 puntos en la escala Walter Reed. Un paciente que comenzó el tratamiento con una puntuación de 14, con abundantes tumores de cáncer linfático que ya amenazaban seriamente su vida, terminó con una puntuación de 1, y en algunos casos el número de células T llegó a quintuplicarse".