La enfermedad como mensaje
Sin duda que este tipo de terapia (o cualquier otra sugerida por el especialista en cada caso) funcionará, y funcionará bien. Antonio, un almeriense de 38 años, lo viene utilizando desde hace tres, y no escatima alabanzas hacia esa beneficiosa crema tópica de aloe que le liberó de los molestos daños colaterales producidos por la cortisona. Liliana, una cubana de 27 años que actualmente reside en Barcelona y que también se encuentra aquejada de psoriasis, comenzó a tomar zumo de aloe vera cada día desde el principio de su problema cutáneo, hace poco más de año y medio, ya que la escasez de medicinas en su país obliga a que muchas veces se recurra a remedios más naturales y caseros. En ambos casos, el aloe vera ha sido un buen aliado, ha mejorado el estado de la piel y ha reducido notablemente las molestias que conlleva esta alteración: sequedad, picores, irritación, etcétera. Pero en ninguno de los dos casos ha llegado a remitir la enfermedad. La pregunta inevitable ahora es pensar qué pasaría si avanzamos un paso más allá, en ésta o cualquiera de las múltiples manifestaciones de las patologías psicosomáticas que se instalan en nuestra vida, y definimos la raíz del problema, adoptando las decisiones oportunas para desbloquear conflictos y tensiones, en definitiva, para vivir mejor.
El aloe vera se está revelando cada vez más como una fuente de principios activos capaces de hacer recobrar ciertos equilibrios perdidos. Recientes investigaciones en el campo de la lucha contra el cáncer y también contra el SIDA, le están otorgando a esta planta un papel protagonista, de tremenda importancia en muchos casos, en algunos de los tratamientos planteados en el control de estas enfermedades. Pero ello no puede levantar falsas expectativas y hacernos creer que el mero hecho de tomar pulpa de aloe cada mañana en ayunas nos va a proteger de por vida contra cualquier tipo de cáncer, o que nos va a mantener bellas y jóvenes por dentro y por fuera, poseedoras de una piel sana y fuerte y de un cabello brillante y abundante, como si de una eterna y mítica Cleopatra se tratara.
No ponemos en duda que el uso del aloe, en las múltiples aplicaciones que nos ofrece el mercado en la actualidad, pueda ayudarnos a mantener una vida sana. Pero también poseen efectos tremendamente beneficiosos como regeneradores tisulares la vitamina E contenida en el aceite de germen de trigo o en el aceite de oliva virgen; o los brotes de alfalfa, que además tienen un importante poder alcalino que neutraliza la acidez de estómago y los problemas derivados de ella; y qué decir de la acción desengrasante de la lecitina, del poder antioxidante del betacaro-teno contenido en las zanahorias, o de la oxigenación de las células producida por un cierto tiempo de respiración profunda y relajada junto a la orilla del mar o entre los árboles frescos de la montaña. Por no mencionar el tremendo logro de poder desarrollar la vida que realmente deseamos, en armonía con el entorno que nos rodea y en contacto directo con nuestra propia naturaleza. Todas ellas, y muchas más, pueden ser consideradas fórmulas válidas para una vida sana. El aloe vera puede ser, también, una más, especialmente si se trata de un producto de calidad -por encima de las guerras económicas del mercado competitivo-, utilizado de la manera adecuada y en el momento oportuno.