aloe vera, características botánicas

Las hojas son generalmente verdes, aunque a veces también pueden ser grises e incluso sutilmente rayadas. Sus flores, que aparecen en la primavera, suelen ser rojas o amarillas, de forma tubular y dispuestas en racimos que brotan al final de los tallos sin hojas.
Al igual que todas las plantas suculentas, cuentan con una extraordinaria capacidad para absorber el agua a través de una compleja y muy desarrollada red de raíces que se extienden bajo la tierra, muy cerca de la superficie, de forma que pueden aprovechar la más leve humedad del suelo, e incluso del rocío, sin necesidad de las lluvias copiosas que precisarían otras raíces más profundas. Ya que se desarrollan en entornos predominantemente secos, sus hojas carnosas están capacitadas para almacenar grandes cantidades de agua. Además, poseen un sistema que les permite cerrar sus estomas durante el día, cuando han de soportar horas y horas de sol, a fin de evitar la evaporación del agua que guardan en su interior; por este motivo pueden sobrevivir durante largos periodos de sequía. Al mismo tiempo, esta circunstancia propia de todas las plantas xeroides o xerófilas, término que proviene del griego y significa "amante de la sequedad", hace que su respiración sea completamente opuesta a la que se da en el reino vegetal, y las sustancias gaseosas que en otras plantas son expulsadas al aire durante el día, en el aloe son convertidas en azúcares y almidón, para acabar transformándose en alimento de la propia planta.
Otra de las características del aloe propia de la familia de las xeroides es su peculiar estructura química, que permite cicatrizar casi de inmediato cualquier corte que se le produzca a la planta, con el mismo objetivo de impedir la pérdida de agua. En el caso de que se trate de la pérdida o desprendimiento de una hoja de aloe, una vez que la herida se ha cerrado, la planta comienza a crecer en otra dirección. Puede que fuera la observación de esta capacidad de "autocuración" de la planta la que hiciera que, ya 5.000 años atrás, el ser humano empezara a plantearse el utilizar estas propiedades del aloe para el propio beneficio.
Estructura de la hoja
Si analizamos un corte transversal de una hoja de aloe, advertimos que en la hoja pueden distinguirse claramente la capa exterior o corteza y el cuerpo interior o tejido esponjoso, separadas ambas por una fina capa intermedia formada por una especie de vainas vasculares de minúsculo tamaño.
La corteza puede ser más o menos gruesa, dependiendo de la variedad de la planta. Está formada por células epidérmicas, resistentes y flexibles, separadas por estomas que permiten el intercambio líquido y gaseoso con el exterior.
Las vainas vasculares endodérmicas de la capa intermedia están formadas por haces de células poligonales ricas en aloína, féculas, clorofilas, oxalato de calcio y otras sustancias orgánicas. Cuando estas vainas están separadas de la epidermis por un tejido escleroso menos flexible, se forman las espinas exteriores.
El cuerpo interior de la hoja está formado por un tejido celular esponjoso que hace de vehículo a un fluido mucilaginoso donde se encuentra la mayor parte de los principios activos de la planta. La primera característica visible de este líquido mucilaginoso es el gran poder de cicatrización que hemos mencionado anteriormente.