aloe vera, historia y leyenda

Historia y leyenda se confunden en torno a la figura del aloe a lo largo de los siglos, e incluso de los milenios. Conocida como "la planta de la inmortalidad" en el antiguo Egipto, solía utilizarse en los ritos de enterramiento y en el proceso de embalsamiento de los faraones. Pero en vida también podía hacerse uso de sus milagrosos efectos y, así, llegó a afirmarse que la exuberante belleza de las reinas Nefertiti y Cleopatra tenía mucho que ver con el hábito de bañarse en el jugo de esta planta. Se la ha dado en llamar "la planta bíblica" por las numerosas ocasiones en que
aparece mencionada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, donde, entre otras cosas, se relata cómo Nicodemo utilizó una mezcla de aloe y mirra para embalsamar el cuerpo de Jesús, (evangelio de San Juan). Al dios Báal-Zebut se le representaba con una planta de aloe en las manos como símbolo de la inmortalidad, de su poder regenerador de la vida. En la India, donde la denominaron "la curadora silenciosa", creían que el aloe crecía en los jardines del Edén, dadas sus propiedades sobrenaturales, y la civilización maya la consideraba una planta sagrada, hasta el punto de que aún hoy se utiliza en muchos hogares y comercios mejicanos como símbolo de la buena suerte. También en ciertos poblados indígenas de África la envolvió una cierta aureola de espiritualidad y así fue como, en Etiopía y Somalia, el pueblo galla solía plantar aloes alrededor de las tumbas con el convencimiento de que, cuando las plantas florecían, anunciaban así la entrada en el paraíso de la persona que les había dejado.
No parece producto de la mera casualidad el hecho de que el aloe haya sido reverenciado en tantas culturas y tan dispares a lo largo de la historia ("el remedio armónico" de la antigua China fue más tarde considerado como "la fuente de la juventud" entre la población india seminóla de Florida). Y desde luego no lo es que en la mayoría de las grandes obras históricas sobre la medicina aparezcan mencionadas sus propiedades, aunque no siempre coincidan en subrayar las mismas cualidades.
Representaciones simbólicas
Las primeras referencias sobre el aloe se remontan a fechas milenarias al haberse encontrado su imagen en pinturas rupestres, tallas, frisos y dibujos en lugares tremendamente distanciados entre sí, como la Península Arábiga, África, China, la India, Nueva Guinea, Palestina y las Islas Británicas. Se han encontrado representaciones pictóricas de esta planta en sepulcros y monumentos funerarios de los faraones del antiguo Egipto, así como en los templos. Ya por entonces, cinco mil años atrás, se le atribuían poderes espirituales y sobrenaturales. También en Etiopía le otorgaban un significado espiritual por aquella época, por lo que no era muy inusual depositar hojas de aloe junto a las momias, tal como se ha podido comprobar al encontrar hojas de la planta (Aloe socotriná), conservadas en perfecto estado en las tumbas funerarias del neolítico norafricano. Sin abandonar el capítulo de la representación milenaria, también encontramos esta planta en los dibujos de un famoso pintor chino de la corte del emperador Fu-Hsi, del siglo XXVIII antes de Cristo. En estos dibujos, enormemente ilustrativos de la utilización del aloe cinco milenios atrás, podemos observar a un médico colocando hojas cortadas y abiertas de aloe sobre las lesiones de un guerrero herido.